Familia tradicional

Había anochecido cuando él tocó a la puerta. Tres golpes secos que asustaban. Le abrí. Llevaba una auténtica vestimenta de pirata, su pata de palo parecía de madera de la buena, su descuidada barba roja casi intimidaba más que la cimitarra que reposaba sobre la vaina de su cintura, y el loro de su hombro repetía una y otra vez: “¡Al abordaje, al abordaje!”.

Sin tiempo para preguntarle qué deseaba, entró en casa y se sentó a la mesa. Me invitó a que yo hiciera lo mismo junto a él. Entonces con voz solemne me reveló el secreto. “Soy tu verdadero padre”.  Mamá, que estaba recogiendo la ropa de la azotea para salvarla de la escarcha de la noche, percibió el olor a algas demar que desprendía la ropa del visitante y bajó de inmediato las escaleras, como si no hubiera un mañana.

Mamá ni le saludó; sacó esa botella de ron cubierta de polvo que guardaba en la alacena desde que yo tengo consciencia y le sirvió una copa. El misterioso hombre que decía ser mi padre se lo bebió de un trago, al que acompañó con un eructo que hizo temblar las paredes. Fue cuando madre, nerviosa, miró el reloj de la cocina que aún temblaba del eructo, se asomó por la ventana que daba al mar, escrutó el puerto y, al reconocer atracado el barco pirata donde supe después que allí me engendraron, le ordenó que se volviera de inmediato al navío.

Mi padrastro estaba a punto de regresar de la oficina y madre ya no estaba para abordar nuevas aventuras, ni mucho menos protagonizadas por fantasmas del pasado.

#UnMarDeHistorias para Zenda

¡¡¡Priiiiuuu!!!

Harto de oír reproches en la fiesta de cumpleaños de mi novio, cogí el matasuegras que había comprado de un email spam y soplé con todas mis fuerzas. Inmediatamente doña Aurelia dejó de gritarme y cayó desplomada al suelo. Como si no fuera conmigo, compartí mi cara de compungido y me guardé una sonrisa bajo la lengua, mientras pensaba que mi pareja ahora estaría triste por la muerte de su madre pero, si el alargador de pene que me regalaron con el matasuegras funcionaba igual de bien, iba a ser el orgullo de mi novio.
#historiasconorgullo

El pulpo

El pulpo

Una tarde de domingo, a un bañista que tomaba el sol en una cala le sorprendió un individuo que emergió del mar y trepó por las rocas haciendo ventosa con sus extremidades. Él gritó enloquecido, pues, en un principio, le pareció un alienígena: el espécimen era calvo, la cabeza en forma de bulbo, destacaban sus ojos saltones y disponía de cuatro brazos y cuatro piernas.

Sin darle tiempo a huir, el individuo se abalanzó sobre el bañista y lo abrazó con sus cuatro brazos. Luego le arrebató el cuaderno que reposaba sobre la toalla y le escribió una poesía con la tinta de su cuerpo, tan hermosa y sincera que succionó el amor del bañista al instante.

Ambos se enamoraron y como el pulpo, así le llamaba el bañista cariñosamente, era de sangre azul, decidieron mudarse a uno de sus palacios. En la cama, aderezada con colchón de agua, él disfrutaba como nunca con sus cuatro brazos y, especialmente, con su poder de mímesis, pues le mostraba fotos de macizos de la última fiesta del Orgullo Gay y el pulpo tomaba la forma del tío bueno en segundos.

Pero un día el pulpo, mientras se refrescaba en la cala donde se conocieron, conquistó el amor, primero de un gallego y más tarde de un sanabrés. Con el tiempo vivieron los cuatro juntos y felices en el palacio. A ninguno de sus tres hombres le importó la poligamia, pues el pulpo disponía de tres corazones, uno para cada novio.